Imposible mirarte sin cegarme.
Aumentaban mis dioptrías por momento. Y no es que te culpe de todos mi problemas pero sin duda eras el causante de mi miopía, entre otras cosas. A veces me sentaba lejos para observarte y no era porque no quisiese tenerte cerca. De lejos me imaginaba como serías. Tenía una imagen tan idealizada que me provocaba autentico terror la decepción. Me conformaba con estar somnolienta e ilusionarme entre cabezada y cabezada. Puede parecer que mis objetivos eran poco ambiciosos, pero lo que intento explicar va mucho más allá de eso y de esto. No me apetecía hablar(le). No quería tener que dar explicaciones y porqués. La realidad me parecía insuficiente.
Por aquellos entonces envidiaba a los locos, soñadores o bohemios, como queráis llamarlos. Ellos eran capaces de imaginar todo cuanto querían, nosotros sin embargo no hacíamos más que limitarnos. Nos limitábamos definiendo, nombrando, explicando, contando, escribiendo, pintando, etc. Nuestra vida estaba limitada. Todo acto y toda acción tenía su correspondiente consecuencia, su eco en la limitada eternidad. Este mundo tan acotado, tan restringido me sabía a poco. La necesidad de imaginar era imperiosa. Me cree sin darme cuenta una realidad paralela donde todo era posible. Allí no tenía que esconder absolutamente nada. Allí la nada, lo era todo y el todo infinito. Mis instintos algo boyeurs ya no tenían hueco en mis fantasías.
La posibilidad ya no era relativa y la probabilidad significativa.
Sin duda me estaba volviendo loca, pero prefería la locura de lo desconocido. Porque sabía que en el momento que la imaginación se cruzara con la realidad todo sería distinto. Y esto no era cuestión de cobardes o valientes. Era cuestión de interés y desinterés.
Era cuestión de inventar(nos).
Y solo así llegue a estar cerca de la perfección.
La posibilidad ya no era relativa y la probabilidad significativa.
Sin duda me estaba volviendo loca, pero prefería la locura de lo desconocido. Porque sabía que en el momento que la imaginación se cruzara con la realidad todo sería distinto. Y esto no era cuestión de cobardes o valientes. Era cuestión de interés y desinterés.
Era cuestión de inventar(nos).
Y solo así llegue a estar cerca de la perfección.

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