Somos, hasta de eso dudo,
marionetas del mundo.
Nos pasamos el día de ballet en teatro,
aparentando,
intentando,
demostrando,
lo que somos o creemos ser.
Somos figurantes inseguros
en historias ajenas, que
rumian corazones descompuestos
por el paso del tiempo.
Somos ciegos estúpidos,
que siguen a la manada
en una sociedad altamente envenenada
por nuestras mismas promesas o palabras vomitadas.
Me entristece pensar porque
el hecho de pensar entristece.
Por mi le pueden joder al mundo.
A los que están arriba,
a los que se creen estar arriba.
A las falsas bocas,
a las grandes manos sucias de dinero.
A los que no saben querer
pero si saben decirlo.
A las prohibiciones,
las dictaduras,
las normas,
el tiempo,
a todos
y a ti, sobre todo a ti.
Que no quiero sonrisas de oferta,
ni vampiros adictos a flores que
resultan ser preciosos capullos.
Ni taxistas, guías turísticas
ni ramos de flores.
Y ahora que le joden al mundo,
puedo dejarme ir.

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