Escribo, plasmo todo lo que por mi cabeza pasa, en segundo, milisegundos, el tiempo impide arrepentimientos y posteriores cabezas giratorias. Y entonces me evado, allí estoy en
medio de la playa paseando, sintiendo la suave brisa que eriza mis vellos. Estoy en blanco, nada, un nada esta vez turquesa pasa por mi cabeza. No hay pensamientos. Es un vacío complicado de llenar y deseoso de ser llenado.
Miro el mar infinito, olas y más olas chocan en la orilla, esa orilla ambiciosa englobadora del agua salada. Y es que no hay una sin la otra, son complementos que llenan vacíos de la naturaleza.
Abro los ojos, algo ha cambiado. El mismo frescor, la misma sensación pero otro lugar, otra situación...
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