jueves, 24 de mayo de 2012

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Ser sincera nunca fue suficiente. Hoy quizás, tal vez, es posible... que (te) mienta. 

Entiéndeme. Yo era la chica del montón y tú venías del Edén. Había mordido muchas manzanas pero nunca había rozado el pecado. Que tú decías mira, mis ojos enfocaban cual objetivo. Que querías ruido, yo gritaba. Y si querías abrazar a Pasión, yo te dejaba mi cama, mis sueños y mis sábanas. Te encendía una vela aromática, te hacía sentir a gusto aunque la indiferencia siempre estaba presente. Y cuando te observaba no veía a un tío. Tú tenías que ser mínimo un... bah, contigo no podía hablar de mínimos. No hablo de estros griegos, ni pintores ni músicos renacentistas. Ni si quiera la naturaleza encontró en ti la perfección. No era un héroe, ni el protagonista de ningún cuento. Era real. Una realidad tan solo mía.  Entre los quizás, tú te encontrabas. 

Y siempre prefería una mentira tuya a mil verdades fundamentadas. Necesitaba ignorancia aunque tan solo fuera momentánea.  

Ser Eva. 





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