jueves, 5 de julio de 2012

Mi minifalda roja.

Yo que hablaba de no idealizar,
de no creer en dioses disfrazados de humanos,
de la inexistencia de la perfección,
de la imposibilidad de lo imposible,
de la ingenuidad de los veintiuno. 

Y que a estas alturas mi subconsciente me traicione... 

Solía acostarme pensando en lo que quería soñar.
Pensaba en cuerpos sin rostros, 
al menos en cuerpos sin tu rostro.
En atardeceres y ríos de poesías,
en bohemios, poetas fracasados 
por culpa de unos tacones infinitos y
una minifalda roja, 
mi minifalda roja. 
En playas sin ciclo lunar,
guiadas por el sudor y la nostalgia 
de idas y venidas. 
En locuras que destapan camas y
queman almohadas. 
Contornos de labios impronunciables 
gimiendo cada uno de mis lunares.

Deje de ser dueña de mis pre-sueños
 y a todo le puse una careta,
tu careta, 
como si Febrero nunca se hubiese ido. 

Ya,

pase de beberte en las noches de whisky
a beberte en los cafés.
De verte en el humo que desprenden 
los puros de los abuelos,
en las paradas de autobuses a 
fumarte, 
intentando siempre calar(te). 


Pase a ser esclava de mis caprichos. 


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