de no creer en dioses disfrazados de humanos,
de la inexistencia de la perfección,
de la imposibilidad de lo imposible,
de la ingenuidad de los veintiuno.
Y que a estas alturas mi subconsciente me traicione...
Pensaba en cuerpos sin rostros,
al menos en cuerpos sin tu rostro.
En atardeceres y ríos de poesías,
en bohemios, poetas fracasados
por culpa de unos tacones infinitos y
una minifalda roja,
mi minifalda roja.
En playas sin ciclo lunar,
guiadas por el sudor y la nostalgia
de idas y venidas.
En locuras que destapan camas y
queman almohadas.
Contornos de labios impronunciables
gimiendo cada uno de mis lunares.
Deje de ser dueña de mis pre-sueños
y a todo le puse una careta,
tu careta,
como si Febrero nunca se hubiese ido.
Ya,
pase de beberte en las noches de whisky
a beberte en los cafés.
De verte en el humo que desprenden
los puros de los abuelos,
en las paradas de autobuses a
fumarte,
intentando siempre calar(te).
Pase a ser esclava de mis caprichos.

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