De repente el año deja de tener Febreros.
Y las estaciones sin trenes y sin primaveras
me interrogan sobre tu ausencia.
Hasta las noches han dejado de pertenecerme
y se han convertido en San Juanes eternos.
Mis ojos gritan y mi boca llora.
Y mis pies tocan aquello
que tu espalda nunca alcanzó.
Tus manos de tantas y tus labios
de pocas.
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