Siempre me creí
capaz de correr cuando las cosas se pusieran negras o grises, incluso rojas, y
dejar de mirar, sin importarme nada y nadie más que yo. Y resulta que
el egoísmo me la juega a menudo y me supera en número y fuerza. No es
que nunca haya perdido, es que no me gusta perder. Soy de peleas y no de
guerras. Las únicas guerras que conozco son a oscuras, entre sabanas y con
nombres propios. De esas de "atrévete y te enteraras". Y no hay nada
que me guste más que un desafío y que todos se enteren, a gritos, de que
nos hemos atrevido. Y que después me susurres y me
mientas abrazándome. Nos confundamos. Dudemos hasta de los orgasmos. Nos
miremos con medias sonrisas de satisfacción. Y que sin prisas pero con
preocupación nos vistamos con esas ganas de aquí me quedo. En la taquicardia.
En el puedo. En las dudas. En el impulso. En los escalofríos. En las miradas.
En los adjetivos. En el nada pero todo o todo pero nada. En el silencio
envolvente. En las sinrazones. En tus manos. En mis dedos. En las ganas, sobre
todo, en las ganas. En los suspiros. En los parpadeos. En las ansias. En el
quédate. Diez minutos. Cinco minutos. Dos segundos. Pero quédate. En el
instinto de héroe. En el no quiero que me salves pero ya estas tardando. En la
humedad de los besos. En los domingos. En las sábanas.

Bonita entrada.No sabía que también tenías un blog. Me pasaré de cuando en cuando para leerte.
ResponderEliminarUn besillo :)
¡Gracias Gema!, yo tampoco sabía que tu tenías uno, voy a echarle un vistazo. Un beso.
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