No se en que día vivo y menos en que hora. Los días no forman parte de mi calendario, de hecho no tengo, decidí eliminarlo de detrás de la puerta de mi cuarto solo me provocaba nostalgia. El ver pasar los días y las horas ya no forma parte de mi rutina sino de mis recuerdos, y que mejor recuerdo que aquel que permites que no llegue a serlo. Es una forma cobarde pero al fin y al cabo es una forma de evitar momentáneamente que suceda algo que no quieres. Y digo momentáneamente porque ese recuerdo siempre llega y no en cualquier momento sino en el peor de ellos. Es el enemigo que viene a rematarnos, cuando nuestras defensas no son lo suficientemente fuertes como para resistir el abordaje. Es el peor de los males por el simple hecho de ser un recuerdo, no importa si fuera bueno o malo.
Ayer fue otro día más de mi invisible calendario sin nada peculiar como otros tantos. A estos días los denomino días en que todo vale y nada importa mucho. Es en esos días donde se concentra nuestra rutina, nuestra agenda de obligaciones algunas tan absurdas que me provocan una gran necesidad de revelarme y mandarlo todo a la mierda. A veces debemos preguntarnos el porque de algo, necesitamos darle sentido a las acciones, a los pensamientos, a los deseos y a los sentimientos. El porque justifica la acción, pero el "nuestro porque" no el porque dictado.
Posiblemente nadie entienda ni una palabra de lo que quiero decir pero es de eso de lo que se trata... Siempre se me ha dado muy bien jugar al despiste, empezar con un tema y enlazar y enlazar pero nunca acabar. Poner puntos suspensivos por un posible "y si...".
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